
Hace poco surgió la noticia de que un fragmento de basura espacial detectado demasiado tarde hizo saltar todas las alertas en la Estación Espacial Internacional.
La voz del control espacial ruso despertó a los tripulantes de la Estación en la madrugada y les informó de la situación: sus sistemas habían detectado un fragmento de basura espacial en las proximidades de la estación y debían permanecer a la espera de nuevas instrucciones. Durante varios minutos, los astronautas permanecieron en alerta en el interior de la nave hasta que la NASA les anunció que el peligro había pasado. El objeto, de unos cinco centímetros de diámetro, llegó a estar a unos 500 metros de la estación, una distancia que en el espacio puede considerarse como extremadamente pequeña.
Esta vez no hubo tiempo para encender los propulsores y mover la estación unos metros más arriba. El objeto había pasado desapercibido para los sistemas de detección hasta estar demasiado cerca como para esquivarlo y la NASA no consideró necesario poner en marcha el protocolo de evacuación.
Esta no es la primera vez que sucede una situación parecida en la Estación Espacial Internacional en los últimos diez años, de hecho, la acumulación de basura espacial en la órbita baja, ha obligado a la Estación a maniobrar al menos ocho veces para evitar el impacto.
La pregunta que todos nos hacemos es: ¿existe un riesgo real para la tripulación? El astrofísico Alessandro Rossi, del Consejo Nacional de Investigaciones de Italia y experto en basura espacial, considera que el peligro es muy real: “Si un objeto de 1 a 2 cm impacta contra un módulo en el que no están los astronautas… la estación podría sobrevivir. Si un objeto más grande (de 4 ó 5 cm) golpeara a la Estación Espacial Internacional podría provocar la pérdida total de la estructura. Es decir, existe una posibilidad real de que la estación quede totalmente destruida”.
Existen tres tipos de objetos que pueden chocar contra la estación: los que tienen un tamaño superior a 10 centímetros que pueden ser vigilados desde tierra y se pueden esquivar a tiempo. Los que tienen un tamaño inferior a 1 cm no suponen ningún problema porque las paredes de la estación están especialmente protegidas contra sus efectos y en los que radica el verdadero problema, los objetos entre 1 y 10 cm, que son muy difíciles de detectar y que en una estructura como la de la estación pueden causar estragos. Para hacerse una idea, a una velocidad de unos 13 km/s, el choque de una bola de 10 cm de aluminio desata la energía equivalente a la explosión de 56 kilos de TNT. Como mínimo, la estación quedaría despresurizada y gravemente dañada.
Fuente:
lainformación.com


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