La banda sigue operando

La prisión no impide que quienes están dentro sigan delinquiendo. Se planean nuevos golpes, nuevas víctimas, se recluta a nuevos criminales
Grupo Reforma

Ciudad de México (29 de enero de 2009).- Una de las constantes en la cárcel es la incertidumbre. Hoy estás, mañana quién sabe.

Puede ser que te trasladen, que te cambien de dormitorio, que te envíen al castigo, que te manden al hospital… o al cementerio.

Hasta puede ocurrir que te vayas libre.

Pese a todo, sí hay unos pocos que saben con precisión lo que va a suceder.

En la celda de César, desde hace algunas semanas, todas las noches se reúne un grupo de internos para jugar dominó.

Entre los participantes hay tres rateros, un asesino, dos roba coches (quienes además son hermanos), dos que venden droga en la calle.

Lo que tienen en común, además de su afición al juego, es que se irán libres durante los próximos meses. Muy pronto estarán en la calle, se ufanan.

-Entonces, nomás salgas te vas pa’ su casa, yo le aviso.

-Y tú y tú compurgan a fin de mes, ¿no?

-Y tú te vas el otro mes, ¿verdad?

-¡A güevo!

Ellos sí saben lo que va a suceder. Las partidas de dominó sirven para planear con detalle lo que serán sus primeros “trabajos”, apenas estén en la calle.

César está preso por secuestro; lo detuvieron con cuatro de sus cómplices, pero los demás siguen libres: “trabajando”, como ellos dicen.

Desde la cárcel, César ordena y organiza nuevos secuestros. Se encierra en su celda, con uno de sus compañeros de guardia, y mediante su celular controla a la banda.

Cuando hace falta afinar detalles, algunos de sus cómplices vienen a verlo durante la visita.

En los últimos tiempos han hecho muchos secuestros exprés, pero también varios de los largos y hasta unos asaltos. Muchos lo sabemos porque nos lo cuenta y luego salen en el periódico.

También lo sabemos porque lo conocemos: los días del secuestro anda nervioso, más drogado que de costumbre.

Cuando pagan el rescate, vienen su familia y amigos a traerle parte del dinero; César agarra la fiesta durante varios días, hasta que se le acaba la lana y organiza otro golpe.

A algunos de la banda les ha ido mal. Los han detenido y mandado a otras cárceles y a cinco los han matado: dos la policía y tres sus mismos cómplices.

Por eso, siempre se necesita gente nueva. Aquí eso es lo que sobra. César tiene para escoger. Los del dominó son los nuevos elegidos.

Entre partida y partida les dice cómo, cuándo, dónde. Les da instrucciones y referencias.

Les explica quiénes son los que roban los coches para hacer el levantón, quiénes los que saben cobrar, cómo hacerle para cuidar al secuestrado; quiénes los encubren.

Hasta hablan de posibles nuevas víctimas, nomás terminen las “vacaciones”. César no explica si se refiere a las vacaciones de los futuros secuestrados o las de ellos, los reos, porque el tiempo es más o menos el mismo.

Despreocupados, ríen a carcajadas. Todo es un juego, hasta que salgan.

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Mañana: La escuela del crimen

Sin comentarios…

Fuente: Periódico Reforma                   Gracias a: Lic Mario de la Garza Marroquín.

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