El periódico Reforma ha estado publicando una serie de relatos elaborados por un presidiario, en donde cuenta como es la vida en un reclusorio. Los relatos son auténticos, de una persona presa en el Distrito Federal. Estos llegaron a mi vía correo electrónico, por parte de uno de mis maestros en la escuela, y debido al interés y el impacto que me han suscitado, he pensado en difundirlos. Este es el primero de una serie que iremos publicando cada día.

La pesadilla de las audiencias

Más vale que sepas bien cuál es tu expediente, porque ahí nadie, ni el Ministerio Público, ni los o las secretarias, ni los abogados lo saben…

Grupo Reforma


Ciudad de México (27 de enero de 2009).- La esperanza y la frustración se funden en un mismo sentimiento el día de la audiencia. Se abre una rendija para dejar el encierro y al mismo tiempo se vive en carne propia la podredumbre del sistema de justicia.

Quizá lo que no me deja dormir es que hoy tengo audiencia.

Tengo que ir al juzgado. Tener audiencia es una pesadilla dentro de la pesadilla.

Te sacan de madrugada para llevarte a la diligencia judicial. En una camioneta cerrada, enrejada, vieja y sucia nos meten a todos, somos 15, 20, no lo sé. Somos los que tenemos audiencias ese día en juzgados de otros reclusorios y nos van repartiendo por toda la ciudad.

Al llegar tienes que recorrer El Túnel, que en realidad es una interminable red de pasillos sin luz hacia los juzgados. En ellos te puedes topar con otros reos que están al acecho para asaltar o, en el mejor de los casos, parejas fornicando, pues a los juzgados también van las mujeres del reclusorio femenil, que no pierden el tiempo.

Es un ir y venir subterráneo, sin orden, ni control, para llegar finalmente al juzgado.

La famosa “rejilla de prácticas” no es más que un cuchitril inmundo en el que nos juntamos presos de todos los reclusorios, pues siempre hay varias audiencias, notificaciones, firmas, careos al mismo tiempo.

Todo entre gritos, advertencias, amenazas para que, después de horas, te informen que tu audiencia se volvió a diferir y ya fue programada para dentro de dos meses. Firmas y te regresas.

Nadie te explica, nadie te orienta, nadie te hace caso. El que sigue.

En cada juzgado se llevan cientos, quizá miles de casos. Los abogados de oficio nunca aparecen, no pueden. Mi abogado, la última vez que lo vi, me explicó que llevaba más de ¡120 casos! Y el solo.

Que había días en los que se le juntaban más de 20 audiencias, a la misma hora y en juzgados de todos los reclusorios. Es cierto. Lo veo en mi caso y en los de mis compañeros.

Más vale que sepas bien cuál es tu expediente, porque ahí nadie, ni el Ministerio Público, ni los o las secretarias, ni los abogados lo van a saber: “Usted es del robo, ¿verdad? ¡Ah, no! El del homicidio… ¿tampoco? Entonces, ¿secuestro, fraude, delitos contra la salud…?”. Es como en un mal chiste, pero es real.

Al juez que supuestamente lleva mi caso lo conozco porque una vez que tuve audiencia lo vi pasar rumbo a su oficina. Me dijeron que era él. Nunca ha estado en alguna de mis audiencias, ni en ninguna de las muchas que he visto.

Por supuesto, nunca he podido hablar con él. Estoy seguro de que ni siquiera ha visto mi expediente.

La ley señala un año como límite máximo para un proceso. ¡Un año! Es legal que te tengan encerrado sin sentenciarte.

¿Sabes todo lo que puede pasar en un año? Por ejemplo, que tu vida se derrumbe: quedarte sin familia, sin empleo, sin amigos, sin dinero, sin nada.

O bien, como en dos casos que conocí, simple y sencillamente puedes morir, en la cárcel, sin que se te pruebe que eres culpable. “Le ganó al juez”, es todo lo que dicen aquí, cuando el ataúd te ahorra parte de la condena.

En mi caso, ese año límite se cumplió hace mucho y el proceso sigue… nadie sabe hasta cuando.

A veces no sabes qué es peor, si tener una sentencia larga, pero cierta, o esta incertidumbre asfixiante.

A pesar de todo, esta pesadilla de la audiencia, es lo mejor que puede pasar porque, de alguna manera, significa que tu caso se mueve, que las cosas avanzan y que, tal vez, algún día recuperes tu libertad.

Conozco personas que han salido libres, absueltas, después de tres o cuatro años de cárcel; destruidos por el encierro. Con la vida deshecha, pero libres. Ese es el sueño de todos aquí.

Continua: La fábrica de monstruos

Bien, ¿que les parecio? como dije antes, este es el primero de una serie de relatos. les dejo tambien un video acerca de las audiencias. Disfrútenlo. Nos leemos mañana.

Fuente: Periodico Reforma.    Gracias a: Lic. Mario de la Garza Marroquín

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